La escena transcurre en 1832, ciudad de Córdoba. En el diálogo interviene Doña Luz y familiares
(todos cordobeses) y el inglés Brian Harrison, marido de Luz.
" ... ha sido un logro que el convento y la curia devolvieran lo donado por la señorita Isabel, aunque lo más relevante es haber conseguido que la presentaran ante el juez. Hubiera apostado a que resistirían tenazmente; la Iglesia es muy celosa de sus fueros. ¿Cómo lo consiguieron?
- se lo debemos en parte a misia Francisquita y a doña Mercedes de Farrell dijo Manuel ante el estupor de Harrison, que ignoraba aquellos tejes y manejes.
- ¿Y con qué extraordinarios argumentos consiguieron sus objetivos? - preguntó éste, clavando la mirada en Manuel, que a su vez miró furtivamente a Luz.
- Oh, Brian; ya sabes como son las cosas en Córdoba contestó ella evasivamente.
- No lo sé. Me gustaría que me lo explicaras.
- Doña Luz se refiere a que nuestras dignas matronas mantienen una relación simbiótica -parafraseando a Jussieu- con la Iglesia; ésta no funciona aceitadamente sin ellas; y ellas se sirven de la Iglesia para su vida espiritual tanto como social. ¿Es así? - se inclinó José hacia la joven.
- Muy graciosamente expresado - confirmó Luz."
Párrafo de la novela
"Como vivido cien veces",
de Cristina Bajo.
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